jueves, 12 de noviembre de 2015

GIL DE BIEDMA


Cuentan fuentes apócrifas que, en alguna ocasión remota, un académico portugués realizó una llamada telefónica a la casa de Fernando Pessoa. La voz que tomó el auricular al otro lado de la línea se identificó como Ricardo Reis e informó que el Sr. Pessoa no se encontraba en el momento. A menudo, como en otros ámbitos, la otredad ha despertado en nosotros, lectores, tanta admiración como suspicacia. La búsqueda del conocimiento último, del absoluto de las cosas, tiende a adjudicarle un valor totalizante a la obra artística y a su autor una suerte de aura de lo profético. 

Exposición En palabras de Jaime Gil de Biedma 
en el Centre Arts Santa Mònica de Barcelona.


Cuando recorremos la poesía de Jaime Gil de Biedma nos podemos dejar arrastrar fácilmente por la convicción de que quien nos mira a los ojos y nos habla es el poeta, y encontramos alivio ante una aproximación superficial de la denominada poesía de la experiencia, espejándonos en los paisajes emocionales de la mano creadora. Pero, ¿acaso no dice Pessoa y aquí tiene especial valor pensar en la utilización de este verbo, como si se tratase de un diálogo directo el poeta es un fingidor? ¿No se desenmascara, acaso? Precisamente en esta dinámica casi divinizante que supone la creación, con respecto al personaje, es donde encontramos más elementos destacables ante el genio barcelonés. A diferencia de otros, Blas de Otero, por ejemplo, su intención nunca estuvo centrada en prodigarse como poeta social, pues en primer lugar, aquella manifestación estuvo siempre regida por el aspecto contextual y por lo tanto, susceptible de caer en el olvido tras un cambio del signo de los tiempos y, más importante, Gil de Biedma jamás tuvo intención de impostar una voz obrera, humilde. Y he aquí este interesante juego de espejos: la perspectiva burguesa catalana del sujeto poético bebe, desde luego, de la propia vida del autor, pero en ningún caso deben confundirse ambas voces. Su poesía es profundamente social, mas no únicamente. La experiencia a la que hace alusión su obra no supone el contacto frontal y la interpretación más inmediata; no es el poeta quien meramente describe sus paraísos lúbricos y atribuladas cavilaciones acerca de Eros y Thanatos, la vejez como destrucción y la evocación de un pasado tergiversado por las traiciones de la memoria. Es el personaje, el heterónimo literario el que busca un acercamiento desde la distancia a las emociones y hechos descritos. Prueba de ello es la compleja arquitectura que se oculta detrás de un lenguaje aparentemente coloquial malinterpretado en ocasiones como sencillo o meramente anecdótico, hondamente marcado por las influencias tanto del mundo clásico de Catulo o Platón, como de lo mejor del romanticismo inglés y también la poesía del iconoclasta Baudelaire, identificables en una lectura más concienzuda y analítica.

Uno de los más insignes ejemplos de su excelencia está en Pandémica y celeste, composición poética en la que se condensan tanto el contenido discursivo, como el perfeccionismo estructural y la intertextualidad. El título, que alude a una obra de Platón, ofrece un ejercicio de afán conciliador entre lo absoluto y lo relativo. Frente al amor romántico e inmutable se nos presenta, a priori como contradicción, al consumidor de amantes ocasionales. Y magistralmente, este personaje poético que es el Gil de Biedma dentro de Jaime Gil de Biedma llega a una comunión casi epifánica: [] Sobre su piel borrosa, / cuando pasen más años y al final estemos, / quiero aplastar los labios invocando / la imagen de su cuerpo / y de todos los cuerpos que alguna vez amé / aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo []. El tiempo, que avanza implacable, también provoca una huella en el cuerpo constante, transformándolo en otros diferentes.

Dueño supremo de su creación, después del brillante poemario Moralidades, Gil de Biedma tuvo la valentía de destruir a su personaje homónimo, someterlo a los embates y miserias de la vejez y enfrentarlo a su propia autoconsciencia. El maravilloso Contra Jaime Gil de Biedma reza [] A duras penas te llevaré a la cama, / como quien va al infierno / para dormir contigo [] como una declaración de intenciones, el deseo esta vez del propio autor de abandonar este género literario, quemando naves y destruyendo puentes sin temblarle la mano en Poemas póstumos.

Hoy, tiempo en que ha recibido la importancia y el merecido reconocimiento que, como siempre, llega tarde, muy tarde, la exposición del pasado mes de septiembre En palabras de Jaime Gil de Biedma en el Centre Arts Santa Mònica de Barcelona, un homenaje minimalista y de una potencia descomunal, así como la publicación de Diarios (Lumen, 2015), con edición de Andreu Jaume, traen de nuevo a la actualidad la voz de uno de los mejores poetas del siglo XX. Hoy conviene recordar que, al igual que ocurría con la llamada telefónica a Pessoa, al otro lado del aparato no está Jaime Gil de Biedma, sino Jaime Gil de Biedma.








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